miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 5: Lluvia de plomo #Bandida


     Su corazón latía insistentemente, y el sonido de las pulsaciones embriagó Katherine.
-¿A quién tenemos aquí? ¡Pero si es la hija de Dillinger! –dijo el hombre armado que apuntaba a la cabeza de Kate-, ¡muchachos, acercaos!
Y de entre las ruinas de las explosiones comenzaron a salir hombres armados, algunos de ellos heridos y con vendajes. Todos se acercaron a Kate y a su captor.
-Menudo botín hemos conseguido hoy, Biggs–dijo uno de los hombres.
-Sí,  John Dillinger pagará una fortuna por recuperar a su querida hijita –y todos comenzaron a reír.
¿Pagará una fortuna? Eso significa, que mi padre está vivo, oh dios, mi padre está vivo. Y mientras pensaba en esto, una lágrima cayó de su mejilla muriendo en sus labios.
-Ya tenemos diversión para esta noche, Dean, átala.
Uno de los hombres al que le raleaba el pelo, cogió una cuerda y ató las manos y los pies de Kate. Y Katherine se dio cuenta de que estaba perdida.

 _____

Paso a paso, Garrett se fue adentrando en la negrura, no sabía lo que hacía allí, si, si lo sabía. Había seguido a Kate en una carrera que sólo podría resultar en muerte, y para colmo ahora  estaba en aquel agujero infernal, que parecía no acabarse nunca. Sus pasos eran silenciosos y cautos, cualquier movimiento podría emitir un sonido catastrófico que llevara a las piedras de su cabeza desprenderse y sepultarlo, algo que no deseaba.
De repente oyó una voz, se puso en guardia oteando el inhóspito lugar, pero la voz no procedía de dentro, si no de fuera. Le dije a Kate que no hiciera ruido. Aquella mujer los llevaría a la muerte si no estaba callada, lentamente comenzó a retroceder en busca de Kate, a medio camino se dio cuenta de que esas voces que reverberaban en el agujero eran masculinas, y avanzo más deprisa.
A l poco tiempo empezó a notar la luz que indicaba que estaba muy cerca de la boca de aquella cueva dinamitada, y los vio, contó al menos a seis hombres armados. Se refugió en un recodo de una roca saliente, y desde ahí vio como ataban a Kate, puso su arma entre ellos y él. No dejaría que se llevaran a Kate.
Cuando había tomado la resolución de disparar a discreción a los captores de Kate, vio a lo lejos un convoy, varios caballos llevaban en sus lomos a unos jinetes. Que sean de los míos, que sean de los míos, se dijo Garrett.

Los captores veían lo mismo que él y se cubrieron los unos a los otros levantando las armas, el convoy se detuvo y los jinetes comenzaron a disparar.

_____


Una, dos, tres balas, Kate perdió la cuenta. Los disparos sonaban más profundos y huecos por el efecto reverberante que producía la cueva.
Un hombre herido que caía al suelo. Su sangre derramada empezaba a encharcar la arena del suelo.
Kate, veía escena a escena cómo la lluvia de fuego derribaba a los hombres de uno y de otro bando.
-¡Cógela y llévatela, Will! –dijo el jefe de la banda, Biggs.
El aludido, cargó a Kate al hombro mientras ésta gritaba.
-¡Suéltame! ¡Déjame en paz, mugroso! ¡Te digo que me sueltes! ¡Ahhhhhh!
-¡Calla, zorra! –le dijo éste.
Y Garrett que lo estaba viendo todo, apuntó al hombre que cargaba a Kate y disparó, falló por sólo unos centímetros. El aludido giró hacia atrás y disparó con su arma sin saber siquiera de donde le venían los tiros. Garrett sonrió para sí, esta vez no fallaré, se dijo. Y no lo hizo.
El hombre recibió un balazo en el pecho, y dejó caer a Kate, que recibió un golpe tremendo en la cabeza, lo que la dejó inconsciente. Garrett volvió a apuntar hacia el mismo hombre, pero esta vez a la cabeza, y no erró, un tiro entre ceja y ceja que lo mató.

Las fuerzas de Biggs mermaban, y él veía como la banda de Dilinger se acercaba poco a poco, dejándole sin salida. Agarró un cadáver de entre sus propias filas y lo usó como escudo para salir huyendo de esa encerrona, Dilinger me las pagará caro, se dijo. Montó en el primer caballo que encontró, arrojó el cadáver al suelo y huyó como si el mismísimo diablo le persiguiera.

Ya no quedaba ningún miembro de la banda de Biggs con vida, y Garrett salió de su escondrijo y se dirigió a socorrer a Kate. Tenía una brecha en la cabeza, pero por lo demás estaba bien, el resto de hombres se acercaron mientras Garrett cortaba la cuerda con la que la habían atado.
Cogió su cantimplora y le echó agua en la cara, la cual estaba llena de polvo.
-Kate despierta, soy yo Garrett –dijo él.
Ella empezó a abrir los ojos, le dolía terriblemente la cabeza, era un dolor agudo que le martilleaba en los oídos.
-¿Qué ha pasado? –preguntó, y vio a Garrett sobre ella.
Él la miraba preocupado, su frente se llenó de arrugas, y estaba perlado de sudor. Su cabello se movía con la lenta brisa, y sus ojos habían perdido todo su color ambarino por la preocupación.
-¿Estás bien? –le dijo.
-No, me duele mucho la cabeza.
-Te has llevado un golpe muy grande, hasta estás sangrando.
Kate levanto su brazo dolorido por la atadura y se lo llevó a la cabeza, cuando hubo localizado la herida la tocó, y sintió un horrible pinchazo.
-¡Ay! –se quejó.
Garrett sonrió y la ayudó a incorporarse, allí sentada vio como los hombres se acercaban, y entre ellos, se encontraba su padre.
Intentó levantarse, y cayó desvanecida, Garrett la sujetó y la levantó, y ésta corrió hasta que encontró los brazos de su padre que la abrazaban y se aseguraban de que su hija estaba en perfectas condiciones.
-Hija, ¿estás bien? ¡Estás sangrando!
-No es nada papá –dijo ella mirando a su padre, y volvió a abrazarlo-, ¿dónde estabas? He venido a buscarte porque estaba preocupada porque no habías vuelto y nadie me decía dónde estabas.
-Tranquila, cariño. Soy demasiado listo para que los hombres de Biggs me atrapen –dijo, y le sonrió a su hija, sólo a ella.
Volvió a poner su gesto serio de siempre, y rodeó a su hija con un brazo.
-Y ahora, ¿quién me explica qué hace mi hija aquí?

*****

Muchas gracias a todos aquellos que habéis entrado en mi blog y os habéis enganchado a mi historia, espero que os guste y sigáis visitando este blog.

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